
Vamos a continuar hablando de perros. Me apetece como fórmula de relajación, otros se desestresan puteando a los demás o tomando coca, por poner dos ejemplos. Yo ahora disfruto de cinco minutitos entre las cosas que tengo que hacer y me da por desentumecerme con mi blog que no lee nadie, así que da igual lo que escriba.
Esta vez no hablaremos de razas peligrosas. Más bien repugnantes. Conozco perros que se las dan de defender la ecuanimidad y van jactándose de ello en sus palabras escritas y habladas, cuando han permanecido callados durante meses porque le iban a dar un puesto de trabajo en un sitio al que no se atrevió a criticar y en el que se estaban-están cometiendo barbaridades laborales. Achanta la mui por si caía el curro, claro. Esos son perros interesados y por extensión cobardes.
Otra raza digna de incluirla en una vomitiva lista de ejemplos negativos es la de sujetos proclives a mover el rabo cuando lo ordena su jefe y pegan dentelladitas a los demás de la manera más grosera posible. Al final, su dueño, tras utilizarlos, les corta el rabo, el cuello y a la puta calle. Ahora a joderos, a morder el mismo polvo que yo sentí en mi rostro humillado y del que ni recuerdo, afortunadamente, su sabor. Degustadlo, por gilipollas.
Otros ejemplares de cánidos ladran poco o nada, no vaya a ser que le zurren y coño, hay que defender a los cachorritos al precio que sea, y por tanto, que le den a los perros que tanto han luchado por protegerte en la manada. Esos son perros ingratos.
Esperad, que hay más. Esos con los que compartiste muchas confesiones, -amistades o han sido parejas incluso-, y dejaron de hablarte un buen día, haciéndote pensar durante mucho tiempo qué puñetas les hiciste para que hayan sido tan injustos. Pero repentinamente descubres que les mueven el rabo de alegría a algunos que sí que les hicieron daño de verdad. Esos perros me importan menos aún que los otros –y eso que el resto me las trae al pairo- porque sencillamente demuestran que nunca merecieron estar a mi lado.
Se me ocurren algunas razas más. Los que ponen velas a Dios y al diablo, por ejemplo. Los que te quitan la mota de polvo de la chaqueta cuando eres medianamente alguien pero caes por culpa de otros perros y le cepillan los hombros al nuevo que viene a sustituirte; el perro envidioso, con el que apenas te cruzaste una vez y te olisqueó para, transcurridos los años, seguir rajando de ti por donde pueda porque sencillamente estaba loco en su día por disfrutar de mi comedero de metal. Vaya mierda de cacharro del pienso que deben tener algunos para aspirar con malas artes a un puesto por el que al parecer había que pedir perdón por desempeñar.
Hay otros mundos, pero están en este. Lo decía Paul Éluard. Que viene a significar en este caso que hay muchos perros y están alrededor hasta que te mueras. Sólo hay que divertirse viendo como sus miserias salen a la luz, tarde o temprano, y terminan colocados en el tablero de la vida en el lugar que les corresponde. Seguro, seguro, que ya estáis pensando en nombres de cada ejemplo de can. Ea, a divertirse con el jueguecito. Buen fin de semana.