
Si
Valkiria la hubieran dirigido los alemanes (incluso si hubiera sido una producción de cualquier otro país europeo), nos habríamos ahorrado cierta pomposidad sobrante en algunas escenas del filme. Que un militar alemán que aborrezca el régimen nazi (muchos de ellos en aquellos tiempos) sea tan pío u otros recuerden a Abraham en la Biblia son cosas que sólo a los norteamericanos se les ocurre colocar en sus películas para resaltar el papel de los buenos y dotar al filme de boato emotivo. En la extraordinaria
El hundimiento no padecíamos ese fenómeno, por citar un ejemplo de cinta similar aunque, a la vez, distinta en su concepción.
Bryan Singer, que posee un innato valor para colocar la cámara siempre donde desea con resultados sobresalientes, ha optado en
Valkiria por contentar a los espectadores más proclives a la fidelidad histórica de este apasionante y ominoso capítulo del siglo XX, a la vez que a los que sólo reclaman una 'peli de espías' bien resuelta. A todos satisfará.
Entre los aciertos de
Valkiria se encuentra la banda sonora original del compositor
John Ottman, al que veis en la fotografía de hoy conmigo cuando lo conocí en el año 2006. Ottman ya me sorprendió con su
Art Pupil (titulada absurdamente en España
Verano de Corrupción) y especialmente en
Sospechosos habituales en 1995, con un tema principal ideal en su concepción para el filme y con algunos ribetes musicales debidos a la
Instinto básico de Jerry Goldsmith, compuesta apenas un par de años antes.
Ottman también resolvió acertadamente
Los cuatro fantásticos y tuvo la ingrata tarea de musicalizar
Superman Return, también dirigida por Bryan Singer, donde era obligatorio incluir las notas de John Williams, algo que mediatiza cualquier creatividad posterior. Si obviamos los sones conocidos del autor de
Star Wars o
El coloso en llamas, la partitura que hizo John Ottman resulta sumamente interesante.
Os recomiendo disfrutar del score de Ottman en
Valkiria. Sin estridencias, mantiene el mismo hilo argumental que en el CD, 18 temas en los que apenas un par de ellos (
They´ll Remember You es un ejemplo) resultan bellísimos y amargos a la vez, en la filosofía compositiva dramática del famoso Canon de Pachelbel, incluso recordatorio de Christopher Young en
Homicidio en primer grado. Más aún, sus notas (como las del tema citado anteriormente o el
Long Live Sacred Germany) las relacionarán con algo de
Howard Shore en
El Señor de los Anillos. Pero no se dejen engañar: en la música de Ottman no está el compositor de
El silencio de los corderos, sino el mismísimo Wagner, mencionado en
Valkiria por Hitler en alguna ocasión y piedra angular musical del régimen nazi.
La mayor parte de los temas de
Valkiria son incidentales, con una percusión que acentúa las secuencias que mantienen al espectador tan movilizado en su sillón como las propias tropas de reserva. Son tracks difíciles de oír fuera del filme, pero... ¿acaso la música de cine no se hace para la imagen? En ese aspecto, Ottman ha compuesto una banda sonora encomiable para una película que, a pesar de algunas innecesariedades, resulta brillante.