martes, 7 de julio de 2026

Danny Elfman en España



Danny Elfman lleva varios días en España ofreciendo conciertos de sus bandas sonoras en Barcelona y Madrid acompañado de la Orquesta y coros de RTVE.

Vivir el espectáculo de Elfman va más allá de lo maravilloso que es disfrutar de la música orquestal que pueda ofrecer un compositor de música cinematográfica. Él se convierte en protagonista como creador sinfónico y aparece,con su más fiel estilo estético, para cantar, mover sus dedos como Jack Skellington, recorrer el escenario y complacer nuestra vista con imágenes complementarias en una gran pantalla. Danny Elfman conjuga el ritual, la ortodoxia sinfónica, con los sones del musical y del rock que hacen posible encontrar entre el público dispar desde fans tan estrafalarios en su indumentaria como los personajes burtonianos hasta amargados con chaqueta que buscan excusas para decir que este artista multidisciplinar no deja de ser «el nuevo Bernard Herrmann». Como si, con 73 años ya a sus espaldas y habiendo hecho música desde los ochenta, su creatividad estuviera a la sombra alargada del maestro, olvidando que Elfman muestra a los héroes de las películas de Burton en tonalidad menor con sus particulares maneras, pero también han salido de su cabeza extraordinarias obras para El indomable Will Hunting, Big Fish o Sommersby.

Hace varios días, en el análisis musicológico que realicé sobre «El jorobado de Notre Dame», os hablaba del hecho de estigmatizar una película de animación por considerarla «adulta y oscura» si no es fiel a los patrones habituales del cine llamado infantil. A Danny Elfman le costó quince años que la gente entendiera realmente su magistral Pesadilla antes de Navidad. Hizo doscientas entrevistas en dos días (según cuenta) y en todas le dijeron lo mismo: da demasiado miedo a los niños. Ahora, en España, no ha concedido entrevistas con la excepción de los dos o tres medios más poderosos del país y a sus seguidores no se les ha permitido verlo de cerca ni firmas de discos y rituales de esa índole. Será que ya no tiene nada que justificar sobre su obra porque la ha logrado incluir entre las excelencias de la música de cine de todos los tiempos.

Fotos de Fer González del concierto de Madrid del lunes 6 de julio. Para el concierto de hoy martes aún quedan entradas.













domingo, 5 de julio de 2026

30ª aniversario de «El jorobado de Notre Dame» de Disney. Análisis musicológico de una película maltratada


He acabado tarareando los temas de madrugada entre pesadillas, con la espalda aún más fastidiada de lo que la tengo de estar sentado frente a dos ordenadores, discutiendo conmigo mismo por conclusiones con las que seguramente no estaré de acuerdo mañana o pasado como algunos tampoco lo estarán hoy mismo. Pero estas tres semanas de estudio continuo de El jorobado de Notre Dame (1996) y su banda sonora ha sido una de las experiencias más emocionantes de los últimos meses en cuanto al cine y su música.

Cuando el compositor Alan Menken escribía en sus redes sociales hace varias semanas que se cumplía el 30ª aniversario de la película y ponía a parir el lema con el que se le había ocurrido a Disney destacar esta efeméride, lamentando además el menosprecio con el que durante todos estos años había sido tratada su banda sonora, me obligó gustosamente a volver a las armas en la lucha que desde hace tres décadas he mantenido defendiendo esta música ninguneada por Disney y maltratada por el público tanto como la película, tachada de demasiado oscura y adulta para el público infantil. De modo que me puse la armadura y, bolígrafo en mano (soy muy analógico en eso, qué le vamos a hacer) revisé nuevamente esta joya de la animación y de la composición musical cinematográfica. Si ya llevaba tres décadas deslumbrándome, comprobar aún más determinadas cosas me ha llegado a emocionar: cómo Menken deja claro que, para él, Frollo es un clérigo y no un juez (¿Gol musical a Disney o hecho subliminal consentido?); que la libertad la ansía Quasimodo cantando Out There, pero Menken lo plasma desde el inicio hasta el final; o que Esmeralda podía haber tenido notas étnicas o mágicas, pero su narración musical es la pureza nívea del amor tanto en su papel de redentora como de líder étnica y por supuesto mujer.

Menken me ha dejado exhausto, con un brazo dolorido (asoma amenazadoramente otro hombro congelado, cuatro años después del primero) y me temo que me tendré que tomar en serio la necesidad del descanso en verano, aunque hay varios frentes de otra naturaleza con faena por atender. Como Frollo y sus deseos hacia Esmeralda, debo practicar la contención y evitar la tentación que continuamente me provocan las películas que se me insinúan desde la nutrida videoteca y que además tientan mis bajos instintos musicales de manera inmisericorde. A ver si logro vencerla, aunque llevan embaucándome desde hace casi cuatro décadas: el próximo octubre se cumplirán 37 años desde que por vez primera hablé y escribí de cine en los medios.

Así que cuidaos de las altas temperaturas y feliz verano.

ENLACE PARA VER EL VÍDEO: https://youtu.be/TqzAgIymzU0?si=7YjHM1jbxvlKHF-T

viernes, 19 de junio de 2026

«El día de la revelación». Crítica y análisis musicológico



Les ruego que no prejuzguen mis palabras. Entiendo que recurrir a la comparativa entre El día de la revelación y Encuentros en la tercera fase es para neófitos iniciados, pero tampoco puedo obviar lo que Spielberg en conclusión ha querido hace en su última película: una versión dos, tres, cinco punto cero (el número depende de hasta dónde noten ustedes el cambio) de la película que rodó hace nada menos que cincuenta años. No hay más, siento ser básico, primitivo, escueto. Lo que cambian son las circunstancias, la presentación, que decía Oskar Schindler. A todo lo más, el plato se sazona con unas pizcas de otros productos de la misma temática del director, con especial predilección por Inteligencia Artificial. Mucha más de la que pueda aparentar. Si no, que se lo digan a John Williams. Pero vayamos por partes.

Dada la manía por mostrar vida extraterrestre y exponerla con la misma filosofía en la que priman finales paroxísticos aun que pasen los años, Spielberg ha optado por volver a sus obsesiones con una inteligente –aunque inane- transformación del cuento adaptado a los tiempos. Hace medio siglo se recreó con la (pausada, casi interminable, se tiene que decir y se dice) secuencia del clímax de una película con éxtasis final en medio de una montaña y sostenida con los impulsos irracionales generados por personajes que tejen una maraña desmadejada con solvencia. Hoy el mensaje no está en un paraje exterior donde los extraterrestres contactan con los seres humanos a través de unas notas musicales, sino en los platós de televisión donde la irrupción de las noticias bomba en directo paralizan la actividad sobre la tierra. Actualización del entorno como medida más importante

La gente no llevaba móviles en 1977 y no todos tenían televisor en casa. Hoy resulta impensable no depender de la domótica, de los artefactos de comunicación inmediata, por lo que Spielberg ha tenido clara la actualización del cénit de su nueva obra de manida conceptualización: ha puesto a un marciano delante de las cámaras mientras la gente lo contempla en sus pantallas, alucinada, en el autobús, en las paradas, andando por las calles, en los WC,… ya no hace falta mirar escaparates de establecimientos que venden Telefunken de 24 pulgadas con válvulas en color. Ahora meamos sentados para ver mientras las noticias y tiktok. Y si la autocomplacencia spielbergiana de aquellos 70 abriendo ya la veda de su obsesión se extendía en la parte final de la película para alcanzar tintes epopéyicos, en El día de la revelación trata de hacerlo exactamente igual pero con periodistas, estudios televisivos y mensajes cacareados con staccato, en lugar de con música. Ya era un descaro hablar con los marcianos a través de cinco notas musicales, algo hay que disimular. De eso se encarga John Williams para, durante los primeros veinte minutos de El día de la revelación, apenas incluir música, en todo caso rutinaria, incidental, con el único reclamo y marchamo del estilo Williams pero sin capacidad narrativa alguna en el conjunto global de la película. El compositor nos deja intuir algo al cuarto de hora de película, en una conversación entre el informático Daniel Kellner y su novia exmonja (¡!), una naciente construcción del tema musical que posteriormente hilvanará la película, pero es solo un balbuceo. Porque en pantalla en ese momento solo está un tercio de los verdaderos protagonistas de este folletín. ¡Ponga un sincronizador mental en su penoso guión y solucione la vida a su culebrón!

Tenemos al Williams más narrativo a partir del minuto 20, cuando aparece el pájaro multicolor que forma parte del uso y abuso del CGI en el filme y suenan las notas –a veces con coros celestiales, en otras con trompa o ambos en el desarrollo- que surgen dando sentido musical al contacto como lo hicieron las atmósferas, los gorgoritos del lux aeterna utilizado por Kubrick en 2001, que a fin de cuentas es uno de los maestros de Spielberg en tantas películas. Todo lo demás, lo de Williams me refiero, es producto del piloto automático, además de deslavazado, casi anárquico. Y sí, no lo niego, Williams lo logra: nos une musicalmente a Daniel, a Margaret y a los marcianos disfrazados de fauna terrestre con Listen..., el tema estrella de la banda sonora: lo inicia con Daniel confesando sus miedos a su novia pero altera su desarrollo (no es el momento, están sucediendo otras cosas y queda por presentar en la siguiente secuencia al alter ego protagónico femenino), lo desarrolla con suficiente poder narrativo con la aparición del pájaro anteriormente citada, lo afianza a la media hora del filme cuando Daniel contempla a los ciervos en la casa de campo a donde huye con su novia y lo culmina un poco más allá de la hora y media cuando ambos están juntos y contemplan un zorro que los mira. 

Lo lógico hubiera sido que en la melaza final hubiera aparecido Listen..., no solo porque es el mensaje oral con el que termina la película, sino por el encuentro resolutivo entre las tres partes (extraterrestres, emisora y traductor) ante millones de espectadores. Pero en lugar de eso, Spielberg y Williams decidieron utilizar notas mayormente incidentales sobre un fondo de acúfenos durante once minutos, todo ello como recurso fácil para mantener la tensión mientras la combinación del sonido infinito sostenido y los ruidos causados por los efectos de la película nos rompen los tímpanos. Se adivina ahí, en las escenas de los extraterrestres desahuciados, documentalísticas, en blanco y negro o sepia, otra de las temáticas preferidas del director: el holocausto.

Qué bien escrita está la música (es Williams, puñetas) pero qué pesadez. Un cierto cambio de registro (que no silencio) parece interrumpirla tras seis minutos desde que comenzó la secuencia del desenlace de la cinta, y llama poderosamente la atención que surjan cinco notas que se repiten continuadamente, coincidiendo con la incipiente aparición en el estudio de televisión del extraterreste. ¿Cinco notas? ¿No eran cinco también las utilizadas para contactar con estos seres en Encuentros en la tercera fase, quizá las más famosas de la música de cine junto con el inmisericorde rasgueo de cuerdas de Herrmann en Psicosis? Todo lo demás, hasta la conclusión, son dedos pulsados en las mismas notas y un pitido insufrible. Llévense aspirinas.

Roy Neary hacía porquerías con la espuma de afeitar, con el barro. Spielberg utilizaba unos elementos y una simbología eficaz hace cincuenta años, ahora superada. De manera que, con ese sentido preclaro que siempre ha tenido el cineasta aunque las costuras se le note cada vez más –ya va camino de ochenta años-, aquel primitivismo había que sustituirlo por unidades de USB acumuladas como en cajas de tiendas de chinos, bifurcar en ambos sexos el vehículo humano que soporta y es utilizado para el mensaje final y rellenar minutos con lo que el director de  la saga de Indiana Jones o ET (ahora les comento porqué menciono estos títulos) ya ha demostrado ser lo que es. Es decir, pulcrísimas persecuciones llevadas al límite, efectos sonoros apabullantes, cámaras subjetivas, huidas inverosímiles (de ahí lo de las cintas antes citadas)… Nada nuevo, como venimos diciendo. Por mucho que algunos se empeñen en las loas de la secuencia del tren y el coche dando botes por la vía, hasta el punto de hacer el ridículo asegurando que es de las mejores secuencias rodadas en la historia del cine de acción. Les juro que lo he leído, no sé dónde, posiblemente en redes, esos lugares infectos plagados de críticos domésticos y gente muy cortita. ¿Es que nadie recuerda los quince últimos minutos de ET?

En todo este universo se entremezclan personajes estereotipados, arrepentidos repentinos de sus prácticas malvadas y niños hinchosos (¡que no falten en el paradigma spielbergiano!) reafirmados con el piano de Williams. De hecho, la regresión de Margaret en la reconstrucción de su hogar para descubrirnos la procedencia de su misión junto con la de Daniel es musicalmente similar a los devaneos caseros de David, el niño robótico de Inteligencia Artificial. Y hay también moralinas religiosas marca de la casa. En este sentido, da vergüenza ajena la secuencia de la lucha mental entre Noah Scanlon (Colin Flirth) y Jane Blankenship (Eve Hewson) en la que el espectador termina por pensar que está viendo una película barata de posesiones demoníacas (¡tanto plano del crucifijo y mano estigmatizada, por favor!) más que una historia de… bueno, una historia diluida, realmente. Que en Encuentros en la tercera fase la gente rezara e incluso aquel batallón seleccionado fuera a misa no chirriaba en 1977. De hecho, incluso Avildsen puso a rezar a Rocky Balboa en un retrete antes de repartir leña a diestro y siniestro, pero de aquellas pinceladas accesorias se ha pasado aquí a una trascendencia tan ridícula como inconexa: un convento de monjas, un repaso al génesis con una madre superiora que cree en la vida extraterrestre porque en la biblia se habla de la creación de la vida humana pero en la tierra, lo que abre la posibilidad de otras existencias más allá… La inclusión del elemento moral es tan pacato como innecesario en esta historia, pero Spielberg es lo que tiene: que o toca la fibra infantil o la religiosa, porque ¿qué es al fin y al cabo ET, aparte de una magistral película a años luz de lo último de su director, sino un ser venido del cielo que reclama bondad a la humanidad tras resucitar?



Ahora se nos pide que escuchemos. Fundido a negro y créditos. Tanto metraje para, al final, cortar el rollo como un apagón de luz. Con lo bonito que le hubiera quedado lo que Peter Hyams hizo para culminar 2010 tras su “Dios mío, está lleno de estrellas”, mucho más resultón. Y la sensación de que todo esto es un pastiche, un canto de cisne de un cineasta obsesionado con las posibilidades de vida inteligente más allá de la tierra (aquí, en ella, ya está casi extinguida) y una pretendidamente sagaz actualización de lo ya visto pero sin la frescura ni la revolución de quien con un simple pez en el agua generó el pánico mundial en lugar del tedio que causa dos horas y cuarto de una revelación que quizá guste a los periodistas que aún creen en lo idílico de los platós, las redacciones con laberínticos pasillos formados por mesas repletas de plumillas y que la verdad contada sin tapujos salvará a la humanidad, en lugar de hacerlo los anuncios publicitarios y los dineros endiñados por las administraciones públicas para convertir los medios en panfletos políticos. Eso si no se duermen en la butaca antes de la media hora final. Y también entusiasmará a los más incondicionales del director y de John Williams, pero esos no cuentan a la hora de hacer una justa y necesaria crítica ecuánime en el mundo del antaño Séptimo Arte, que se nos desangra a cada película estrenada. Aunque sea de nuestro contemporáneo Frank Capra dos, tres, cinco punto cero.
                                                            _______________________________

VÍDEO EN EL CANAL #ULTIMOESTRENO CON LA CRÍTICA Y ANÁLISIS MUSICOLÓGICO DE LA PELÍCULA: Dado que en este videorreportaje se muestran escenas del filme y se explican momentos que pueden desvelar motivos narrativos y desenlaces importantes para el espectador, es recomendable verlo TRAS VISIONAR PRIMERAMENTE LA PELÍCULA, con el objetivo de recabar detalles que enriquezcan a quienes la visionen. No obstante, hay a quienes no les importan los llamados popularmente spoilers, que también pueden ver perfectamente este vídeo antes de la película si se trata de personas que prefieren conocer elementos de ella que, sin visionar antes la cinta, no se percatarían de sus significados o intenciones. ENLACE AL VÍDEO: https://youtu.be/_es8_vjgWDU


domingo, 14 de junio de 2026

¿Te acuerdas de Felisín? Fue uno de los candidatos a interpretar a Tito en Verano Azul

 


No era un personaje principal de la pandilla, pero en el capítulo ‘Beatriz mon amour’ cobra cierto protagonismo al parecer uno más de ellos durante una parte del episodio, acompañando sobre todo, por lo coetáneo de su edad, a Tito y a Piraña. Incluso tiene diálogos en unas escenas en la playa cuando los más pequeños no entienden qué está sucediéndole a Bea («ya es mujer») y deciden preguntar a los más mayores del grupo.

Felisín es el nombre de pila del amigo de la pandilla. Ese compañero de juegos que todos hemos encontrado en nuestras vacaciones estivales y vaya usted a saber qué fue de él… o no. Porque Felisín, en este caso, estuvo interpretado por Javier López, un niño que posteriormente no siguió el camino de la televisión ni el cine y que reside anónimamente en Pontevedra con su familia inmerso en una profesión ajena a lo audiovisual. Pero aquella experiencia fue inolvidable para él porque, además, tuvo la posibilidad de encarnar a Tito, al ser uno de los CINCO candidatos que fueron pasando por las pruebas de cámara de Antonio Mercero hasta que finalmente fuera elegido Miguel Joven.

Javier tenía desparpajo, incluso se rodaron algunas escenas con él (no utilizadas después obviamente) y se hicieron fotos, como una que circula por revistas de la época en la que se le ve jugando al ajedrez con Piraña. Pero su padre, que además era profesor particular en Nerja de Juanjo Artero y Gerardo Garrido (Javi y Quique), consideró que su hijo tenía que continuar sus estudios sin que interfiera en ello el rodaje de una serie que estaba previsto extenderse por un buen número de meses.

Así que, finalmente, Javier no hizo el papel, pero ello no fue obstáculo para que su padre le permitiera participar ocasionalmente en VERANO AZUL y divertirse un poco. La experiencia para él fue tan maravillosa que la recuerda con mucho cariño y mantiene contacto con algunos protagonistas de la serie, especialmente con Juanjo Artero, al que no veía desde hacía muchos años. Ahora, aprovechando que el actor ha visitado Ferrol en la gira de su obra ‘Asesinato en el Orient Express’, Juanjo y Javier han quedado para verse por mediación de su amigo común el bailarín y actor Domingo Sánchez, uno de los conocedores de la serie más reconocidos de España, cenar juntos y recordar aquellos tiempos. Y nos envían una fotografía de su convivencia. «Ha sido maravilloso volver a ver a Juanjo. Y sobre la obra, él está genial y muy bien el resto del elenco. El escenario, vestuario… todo es estupendo», nos ha comentado Javier López tras ver la obra en el teatro de Ferrol.

¿Recuerdas a Felisín? En este vídeo te ofrecemos un resumen de este texto y la secuencia más importante donde aparece.

Noticia procedente de: https://regresoaveranoazul.wordpress.com/2026/06/14/reencuentro-entre-javi-y-felisin-juanjo-artero-y-javier-lopez-los-recuerdos-de-quien-fue-candidato-a-ser-tito-en-verano-azul/

lunes, 8 de junio de 2026

¡Ojo con el entusiasmo 'musical' de «El día de la revelación»!


Obviando que no hay tíos más plastas en la tierra (y probablemente, más allá) sobre los marcianos que J. J. Benítez y Steven Spielberg
, el estreno de una película del director siempre se recibe con expectación. El viernes se abre la taquilla para
#eldiadelarevelacion (#DisclosureDay) y, entre las reacciones más sorprendentes que se están produciendo en la previa, están la de los pasionales seguidores de John Williams, algunos de los cuales ya hablan de una «maravillosa banda sonora» por el hecho de haber escuchado el tema que se ha dado a conocer.

Calificar una banda sonora por oírla, por muchas veces que se martilleen los oídos, es un grave error de concepto. Porque la música de cine, como su nombre indica, es DE CINE. Por lo tanto, no podemos valorar el nuevo trabajo del nonagenario Williams hasta que no veamos la película. Ni siquiera hacernos una idea, porque lo que hemos podido oir suena más a Nacido el 4 de julio que a presencias extraterrestres. Pero es puro engaño porque la verdad no está ahí fuera, sino en el visionado de la película. Será entonces cuando podamos comprobar el verdadero valor de su banda sonora, independientemente de que ahora, en la previa, nos puedan entusiasmar sus cuerdas y sus dos 'melodías' que podemos presuponer como hilo musical argumentario de la banda sonora.

Estaría bien no dejarnos llevar por la euforia, que en el caso de Williams es comprensible ante lo que supone la obra del maestro, y hacer un buen favor a la música de cine, insistiendo en que solo comprobando el papel narrativo y el desempeño de su verdadera (¡y única!) función podemos juzgar un trabajo que puede ser musicalmente perfecto pero una banda sonora fallida o una música inaudible fuera del filme pero magistral para las imágenes. Sobre todo para que el personal comprenda que la música de cine no se puede juzgar como otras «porque suene bonita o fea».

Te lo cuento con mayor detalle y ofreciendo algunos instantes de la BSO de la nueva peli en #UltimoEstreno en este enlace: https://youtu.be/bod_XQF1e7U?si=UseSGHssVtekxcn_

martes, 26 de mayo de 2026

Llega... ¡Galaxian! (Teaser)



Ya ha llegado nuestra nueva pieza museística arcade, y con ella, el ritual de desempaquetarla, revisarla y comenzar las posibles reparaciones y limpieza. Lo que en el lenguaje actual influenciado por los anglicismos llamamos Unboxing.

Volvemos a apostar por los GRANDES E ICÓNICOS MODELOS con los que se inició la época dorada de las recreativas, y si hace casi un año nos hicimos con una Cosmic Alien, ahora ya tenemos otra joya: GALAXIAN, y nada más y nada menos que la original norteamericana que fabricaba la compañía Midway a finales de la década de los setenta del pasado siglo. Una máquina de las más apreciadas, con un juego de los más recordados, y que tras salir de la planta de Ilinois recorrió no solo algunos lugares de USA, sino que terminó en Europa pasando por Bélgica y Alemania. Pero eso te lo contaremos en el videorreportaje que estrenaremos en junio, por ahora te ofrecemos un teaser de un minuto con el momento mágico de la llegada de GALAXIAN a nuestras manos, a las de #MOSKODAteam y #UltimoEstreno...

Comprendo que surgen algunas preguntas del millón como se suele decir: ¿De dónde salen estas máquinas tantos años después? ¿Quiénes las tienen y cómo hacerse con ellas? ¿Cuál es el objetivo? Ya os lo contaremos también en otros vídeos, pero no es complicado conocer algo del mundo retroarcade si bicheas por internet. Os recomiendo además la película documental Arcadeología (2021), de la que hablé en su momento cuando se estrenó y entrevisté a su director Aquí el enlace a la entrevista: https://youtu.be/Y1cz_-yjauQ




viernes, 22 de mayo de 2026

46º aniversario de Pacman



Hace 46 años, el 22 de mayo de 1980, se presentaba oficialmente 'Pacman'.

Fue creado por Toru Iwatani mientras comenzaba a devorar una pizza y de repente le vino la idea a la cabeza. Llevaba semanas con el encargo de idear un juego atractivo para toda la familia, pero la inspiración no aparecía. Hasta que miró a aquella masa redonda con un trozo ya cortado y presto a ser comido y... Cuarenta y seis años después, millones de personas lo siguen considerando su videojuego favorito, entre las que me incluyo.
En aquellos años 80 ardían en partidas los muebles de las compañías que comercializaron el Pacman con sus diversas variaciones en España respecto a su denominación: Pacuman, Puckman, Come come... En definitiva, el «comecocos» que le llamaba todo el mundo. Quizás el mueble más popular fue el de Recreativos Franco, empresa que utilizaba el mismo modelo con vinilos, bezel y marquesina dedicados a cada juego que disponía en ellos, entre los más populares Galaxian, Scramble, Phoenix...
En el anecdotario de quienes fuimos 'viciosos' desde el inicio estaba la llamada «jugada del tomate». Consistía en llegar a la quinta pantalla del juego, cada una dedicada a una fruta o verdura. Con la número cinco aparecía una manzana roja que te permitía realizar un recorrido con el comecocos exactamente igual sin que los fantasmas te alcanzaran porque desde ese momento mantenían un mismo patrón de movimiento en las decenas de pantallas posteriores. Hacías siempre el mismo itinerario y jamás te pillaban hasta que, una hora y pico después, los fantasmas ya no mutaban en azul para comértelos o al pasar 'la quinta llave' el pacman perdía velocidad, putada programada por el juego para que te fueras ya a tu puñetera casa y dejaras de quemar la máquina. Hablando de colores, la legendaria «jugada del tomate» (que cuelgo aquí en vídeo completada en una de mis recreativas) la llamábamos todos así erróneamente, porque como he comentado, la fruta era una manzana, pero como era roja, se quedó la idea equivocada de que aquello era un tomate.
Junto al vídeo se puede ver el folleto promocional de Pacman de RF de la época y el interior del Museo OXO de Madrid dedicado a este juego.