lunes, 8 de junio de 2026

¡Ojo con el entusiasmo 'musical' de «El día de la revelación»!


Obviando que no hay tíos más plastas en la tierra (y probablemente, más allá) sobre los marcianos que J. J. Benítez y Steven Spielberg
, el estreno de una película del director siempre se recibe con expectación. El viernes se abre la taquilla para
#eldiadelarevelacion (#DisclosureDay) y, entre las reacciones más sorprendentes que se están produciendo en la previa, están la de los pasionales seguidores de John Williams, algunos de los cuales ya hablan de una «maravillosa banda sonora» por el hecho de haber escuchado el tema que se ha dado a conocer.

Calificar una banda sonora por oírla, por muchas veces que se martilleen los oídos, es un grave error de concepto. Porque la música de cine, como su nombre indica, es DE CINE. Por lo tanto, no podemos valorar el nuevo trabajo del nonagenario Williams hasta que no veamos la película. Ni siquiera hacernos una idea, porque lo que hemos podido oir suena más a Nacido el 4 de julio que a presencias extraterrestres. Pero es puro engaño porque la verdad no está ahí fuera, sino en el visionado de la película. Será entonces cuando podamos comprobar el verdadero valor de su banda sonora, independientemente de que ahora, en la previa, nos puedan entusiasmar sus cuerdas y sus dos 'melodías' que podemos presuponer como hilo musical argumentario de la banda sonora.

Estaría bien no dejarnos llevar por la euforia, que en el caso de Williams es comprensible ante lo que supone la obra del maestro, y hacer un buen favor a la música de cine, insistiendo en que solo comprobando el papel narrativo y el desempeño de su verdadera (¡y única!) función podemos juzgar un trabajo que puede ser musicalmente perfecto pero una banda sonora fallida o una música inaudible fuera del filme pero magistral para las imágenes. Sobre todo para que el personal comprenda que la música de cine no se puede juzgar como otras «porque suene bonita o fea».

Te lo cuento con mayor detalle y ofreciendo algunos instantes de la BSO de la nueva peli en #UltimoEstreno en este enlace: https://youtu.be/bod_XQF1e7U?si=UseSGHssVtekxcn_

martes, 26 de mayo de 2026

Llega... ¡Galaxian! (Teaser)



Ya ha llegado nuestra nueva pieza museística arcade, y con ella, el ritual de desempaquetarla, revisarla y comenzar las posibles reparaciones y limpieza. Lo que en el lenguaje actual influenciado por los anglicismos llamamos Unboxing.

Volvemos a apostar por los GRANDES E ICÓNICOS MODELOS con los que se inició la época dorada de las recreativas, y si hace casi un año nos hicimos con una Cosmic Alien, ahora ya tenemos otra joya: GALAXIAN, y nada más y nada menos que la original norteamericana que fabricaba la compañía Midway a finales de la década de los setenta del pasado siglo. Una máquina de las más apreciadas, con un juego de los más recordados, y que tras salir de la planta de Ilinois recorrió no solo algunos lugares de USA, sino que terminó en Europa pasando por Bélgica y Alemania. Pero eso te lo contaremos en el videorreportaje que estrenaremos en junio, por ahora te ofrecemos un teaser de un minuto con el momento mágico de la llegada de GALAXIAN a nuestras manos, a las de #MOSKODAteam y #UltimoEstreno...

Comprendo que surgen algunas preguntas del millón como se suele decir: ¿De dónde salen estas máquinas tantos años después? ¿Quiénes las tienen y cómo hacerse con ellas? ¿Cuál es el objetivo? Ya os lo contaremos también en otros vídeos, pero no es complicado conocer algo del mundo retroarcade si bicheas por internet. Os recomiendo además la película documental Arcadeología (2021), de la que hablé en su momento cuando se estrenó y entrevisté a su director Aquí el enlace a la entrevista: https://youtu.be/Y1cz_-yjauQ




viernes, 22 de mayo de 2026

46º aniversario de Pacman



Hace 46 años, el 22 de mayo de 1980, se presentaba oficialmente 'Pacman'.

Fue creado por Toru Iwatani mientras comenzaba a devorar una pizza y de repente le vino la idea a la cabeza. Llevaba semanas con el encargo de idear un juego atractivo para toda la familia, pero la inspiración no aparecía. Hasta que miró a aquella masa redonda con un trozo ya cortado y presto a ser comido y... Cuarenta y seis años después, millones de personas lo siguen considerando su videojuego favorito, entre las que me incluyo.
En aquellos años 80 ardían en partidas los muebles de las compañías que comercializaron el Pacman con sus diversas variaciones en España respecto a su denominación: Pacuman, Puckman, Come come... En definitiva, el «comecocos» que le llamaba todo el mundo. Quizás el mueble más popular fue el de Recreativos Franco, empresa que utilizaba el mismo modelo con vinilos, bezel y marquesina dedicados a cada juego que disponía en ellos, entre los más populares Galaxian, Scramble, Phoenix...
En el anecdotario de quienes fuimos 'viciosos' desde el inicio estaba la llamada «jugada del tomate». Consistía en llegar a la quinta pantalla del juego, cada una dedicada a una fruta o verdura. Con la número cinco aparecía una manzana roja que te permitía realizar un recorrido con el comecocos exactamente igual sin que los fantasmas te alcanzaran porque desde ese momento mantenían un mismo patrón de movimiento en las decenas de pantallas posteriores. Hacías siempre el mismo itinerario y jamás te pillaban hasta que, una hora y pico después, los fantasmas ya no mutaban en azul para comértelos o al pasar 'la quinta llave' el pacman perdía velocidad, putada programada por el juego para que te fueras ya a tu puñetera casa y dejaras de quemar la máquina. Hablando de colores, la legendaria «jugada del tomate» (que cuelgo aquí en vídeo completada en una de mis recreativas) la llamábamos todos así erróneamente, porque como he comentado, la fruta era una manzana, pero como era roja, se quedó la idea equivocada de que aquello era un tomate.
Junto al vídeo se puede ver el folleto promocional de Pacman de RF de la época y el interior del Museo OXO de Madrid dedicado a este juego.






lunes, 11 de mayo de 2026

El amor de Espartaco en «Valor sentimental»



Llevaba poco más de media hora viendo Valor sentimental, la cinta noruega ganadora del último Oscar a la mejor película internacional, cuando me llamó especialmente la atención la música, interpretada con un delicado oboe, que el director Joachim Trier había ubicado en unas escenas. Trier es un cineasta al que le gusta dividir con needle drops sus películas, es decir, ubicar canciones preexistentes con las que inicia determinadas secuencias que a veces parecen anuncios televisivos, especialmente en la inclasificable predecesora La peor persona del mundo. Digo inclasificable porque jamás supe si tomarme en serio los devaneos de un personaje que parecía una Amelie escandinava, si quedarme con el preciosismo estético o guasear sobre los gustos fálicos bucales o las setas alucinógenas. De todas maneras, el debate estaba garantizado con la película, lo cual es ya todo un logro en una época de cine inane y herido de muerte.

Pero estamos hablando de Valor sentimental, más definida y más película que aquella. Y de la música de oboe pasada la media hora que inmediatamente identifiqué con un clásico de belleza inmortal. Por eso es probable que aparezca utilizada nuevamente a los casi setenta años desde que fuera compuesta, porque se trata del tema de amor que Alex North compuso en 1960 para Espartaco, de Stanley Kubrick.

El Love Theme de North, a quien la Academia de Hollywood nominó una quincena de veces como mejor compositor y escribió el famoso Unchained Melody para The Righteous Brothers aunque las nuevas generaciones conozcan el tema por la película Ghost, es uno de los ejemplos musicales más bellos, emotivos y elegantes de la historia del cine. Sustentado por un ostinato rítmico-armónico en las cuerdas que hilvana la melodía, aparece en la película de 1960 al poco de su inicio, cuando Varinia cobra protagonismo en pantalla al serle ofrecida a Espartaco para su desfogue sexual. Pero entre ambos surgirá otra cosa que la música nos adelanta mucho antes de que el gladiador le pregunte a la esclava por su nombre en ese instante tan enormísimo en el que la música calla tras el interrogante, dejando en ascuas no solo a Espartaco sino también a nosotros como público, y regresando cuando Jean Simmons pronuncia su nombre. ¡Cómo se hace música, y cine, con dos segundos de silencio!

El tema de amor de North aparece en Valor sentimental diametralmente cambiado de ritmo, con otra instrumentación sin apenas cuerdas y con un cálido tono jazzístico. Al ser música no original, supuse que esa adaptación no había sido escrita por la compositora polaca Hania Rani, acreditada en el film como autora de la banda sonora, una partitura atmosférica más centrada en apostillar ambientes que en formar parte del proceso narrativo de la película. Buscando en los créditos finales inmediatamente después de Hania aparece, acreditado como Score Mixer (ingeniero de mezclas) el nombre de Greg Freeman, curtido ingeniero de sonido y productor que ya en los ochenta trabajaba para bandas como Guns N' Roses. Supuse que el compendio de needle drops de la película había sido supervisado por Freeman, así que lo suyo era preguntarle directamente quién había ideado versionar Espartaco y utilizarla en Valor sentimental. Le escribí por correo electrónico y tardó apenas unas horas en contestarme. «Soy el ingeniero de grabación y mezcla, y solo trabajé en la grabación y mezcla de las piezas originales de la banda sonora de Hania Rani, no en ninguna otra pista. Así que, para responder a tu pregunta, no trabajé en la versión de Love Theme». Había que seguir indagando porque Greg tampoco sabía de dónde había salido la versión jazzística de Espartaco.




Tras unos días de investigación pude encontrarla y averiguar cosas sobre su historia. Me sorprendió que, apenas año y medio después del estreno de la película de Kubrick, un compositor e intérprete norteamericano llamado Yusef Lateef, figura relevante en el jazz, había publicado un disco titulado Eastern Sounds en el que, entre sus pistas, se encontraba una versión del Love Theme de Espartaco… que es precisamente la utilizada por Joachim Trier para su película nada menos que 63 años después.

La cosa no queda aquí, puesto que descubro que Lateef (fallecido en 2013 a los 93 años) había versionado en este disco más temas inmortales de la música de cine… y aún más clásicos que el de North. Así, aparece una curiosa variación del tema principal de La túnica sagrada que Alfred Newman compusiera en 1953. Escuchar algo escrito para una película religiosa adaptada al jazz es una experiencia inefable que no había tenido ocasión de experimentar anteriormente porque ciertamente jamás se deja de aprender y de descubrir cosas. Me faltan vidas para conocer tantas creaciones –a veces acertadas, otras experimentos poco ortodoxos pero siempre enriquecedores- y me sorprende que la gente pierda el tiempo crispándose o escribiendo cretinadas en redes sociales en lugar de aprovechar las infinitas posibilidades que te da conectarte al mundo para ampliar conocimientos en cualquiera de los ámbitos que puedan interesar, privilegio que no tenían nuestras anteriores generaciones. Pero eso es otra historia.

Os dejo un vídeo en el que hablo sobre la versión jazzística de la obra de Alex North para Espartaco y un vídeo final con la secuencia donde se incluye e inmediatamente después la de la película original de Kubrick. No me he resistido a comentar Valor sentimental como película, tan Bergmaniana ella. Un filme con muchos protagonistas temáticos (los seres humanos, sus miedos heredados y dudas, el rencor, la casa familiar…), que son trasladados al espectador a través de una mujer reticente a aceptar a un padre cineasta que jamás atendió a su familia como ella esperaba y que regresa con un guión debajo del brazo para rodar su canto de cisne proponiéndole a su hija que encarne el papel protagonista. Ella lo rechaza por despecho, como castigo a un progenitor que, sin que ella lo sepa, ha hecho de su historia un elemento redentor de su pasado, un hálito de esperanza en recomponer una situación perdida hace muchos años. Y ya no cuento más porque está en Filmin y en Movistar+.

Otro día hablamos de lo que me recuerda el tema The Three Faces Of Balal, original de Yusef Lateel incluida en el disco Eastern Sounds, al tema principal de la película Atrápame si puedes compuesto por John Williams en 2002. Nada de extrañar dado los inicios e influencias del compositor norteamericano y la época en la que se desarrolla la historia.

PINCHAR ENLACE AL VÍDEO: https://youtu.be/WFzLZzYHlfI?si=BXGdImJk1UMTpQ39

jueves, 30 de abril de 2026

La máscara del zorro, Horner y Fauré



De los compositores clásicos que pudieron inspirar a James Horner para «La máscara del zorro» entre los que se cita constantemente a Ravel, ayer volvió a sorprenderme la (maravillosa) presencia de Gabriel Fauré. La película, que no pasa de ser un ejercicio liviano de entretenimiento, cuenta con una partitura que tiene mucha más miga de lo que creen incluso muchos de los seguidores de Horner.

Anoche la revisé para un proyecto que verá la luz a saber cuándo y volvió a aparecérseme la magnífica obra de Fauré, que entre los años 1886 y 1888 escribió uno de los requiem más bellos de la historia de la música y sin embargo más olvidados. Una década antes, el compositor francés musicalizó un poema de Sully Prudhomme con su «Au bord de l'eau», cuyas notas son 'tomadas' por Horner en su tema de amor para la película de 1998.

No hay plagio, al menos yo no lo veo así. Contemplo un extraordinario paralelismo narrativo entre el tema de Fauré, dedicado al paso del tiempo y al amor, y la narrativa musical de Horner para una película en la que el transcurrir de los años (Diego de la Vega-Hopkins y Alejandro Murrieta-Banderas marcan esa línea argumental) y la presencia constante del amor, plasmada por los personajes femeninos de Esmeralda y Elena, constituyen el argumentario principal más brillante en la música de la película que en la propia película en sí que, como es lógico ante lo que los espectadores esperan, se distrae en la aventura y la parodia.

E insisto, es imprudente, injusto e incluso de ignorantes tildar de plagio muchas composiciones cinematográficas por encontrar similitudes con la música clásica. El compositor audiovisual realiza un trabajo narrativo de la imagen a través de la partitura que va mucho más allá de notas coincidentes y, en casos como este, incluso conceptuales. Negar la base de donde está todo es tan erróneo como despreciar lo creado con tanto talento.

jueves, 23 de abril de 2026

Día del Libro



Hoy, 23 de abril, es el Día del Libro, jornada ideal para recordar lo feliz que en estos más de dos años me ha hecho #lasbandassonorasparadespedirlosdias y el inesperado recorrido, con dos ediciones agotadas, de un libro que Conrado Xalabarder (Fotogramas) calificó como "muy hermoso", que entre tanta fealdad existente hoy día es lo más bonito que pueden decir de algo que has parido. Algún que otro ejemplar queda para alguien rezagado que ame las bandas sonoras y el papel que desempeñan en las películas, en la web www.lasbandassonorasparadespedirlosdias.webnode.es están los datos.

Buen día para celebrar todos estos meses de tantos momentos bonitos y la amistad como la de mi amigo Paco Martín, el mejor fotógrafo del mundo, con el que tantas aventuras cinematográficas y periodísticas he corrido en más de tres décadas, y que en plena copa hace varias noches para contarnos cosas se le ocurrió sacarse de la manga un regalo para mí que tiene mucho que ver con el día de hoy y la vida de un grande del cine.

Una copa de vino, un libro y un amigo de verdad: ¿Necesitas algo más? Que ya estamos mayores para pamplinas y para perder el tiempo.



lunes, 20 de abril de 2026

«Silencio», de Martin Scorsese (2016)

Cuaresma y Semana Santa son fechas en las que suelen repasarse las películas que tratan la figura de Jesucristo o de contenido religioso.

Recientemente aproveché para saldar la deuda que mantenía con Martin Scorsese cuando, en 2016, estrenó Silencio, que no llegué a ver en su día. Considerada como una de las películas malditas del cineasta, costó 50 millones de dólares y apenas recaudó veintitrés. Su escasa distribución en España y el hecho de contar con un metraje de dos horas y media y un tema complejo la perjudicó en su momento.

Silencio es una extraordinaria película que nada a contracorriente con los tiempos, algo que supongo Scorsese ya sabía desde que se propuso hacerla hace ya casi cuarenta años, justo después de que rodara La última tentación de Cristo, con la que el filme protagonizado por Liam Neeson, Andrew Garfield y Adam Driver tiene mucho que ver según lo reflejado en el papel encarnado por el actor que ha dado vida a Spiderman en las últimas películas de la saga. El jesuita Sebastião Rodrigues, junto a su colega de hábitos Francisco Garupe, emprende un viaje iniciático en busca del que fuera su mentor en las enseñanzas jesuíticas, el padre Ferreira (Liam Neeson), quien ha apostatado del cristianismo y se ha aferrado al budismo en una nueva vida en el Japón del siglo XVII. Rodrigues sufre las tentaciones provocadas por una tormentosa tesitura en su padecimiento en un país que tortura a los cristianos: si no reniega de su religión, morirá como mártir y no podrá continuar su labor evangelizadora. Si apostata como hizo Ferreira, los japoneses conversos al cristianismo no serán asesinados, pero para ello debe pisotear y escupir sobre los símbolos cristianos que los nipones le imponen ante sus ojos, en un ritual por el que se formaliza la negación de Jesucristo. Lo que hagan los japoneses convertidos no importa, porque las autoridades van a matarlos de igual manera: lo que quieren es erradicar al evangelizador, que sirva como ejemplo, cercenar la raíz que, si crece, cambiará la filosofía de vida de un país en el que jamás triunfaron las enseñanzas de Jesús.

En esta lucha se mueve Silencio, a la que rápidamente relacioné con dos títulos icónicos en la historia del cine: Apocalypse Now y La misión. La primera, porque Ferreira se convierte en un nuevo coronel Kurtz, perdido en el Japón más cerrado tanto como Brando en la selva con los indígenas en su papel. La segunda, porque la evangelización e incluso imágenes similares evocan la película de Roland Joffé, pero en este caso no en Sudamérica sino en el país nipón donde en el siglo XVII se persiguió con saña a los cristianos.

Pronto nos percataremos de que Silencio es más profunda que las cintas de Coppola y Joffé, que los careos entre Rodrigues y el inquisidor japonés que lo retiene son la mesa y el mantel para que el espectador se sirva unas desasosegadoras dosis que nos obliga a ver los pros y los contras de renegar para salvar o jurar fidelidad para seguir construyendo el mito martirial tan unido al cristianismo evangelizador. Y entre todo ello, la constante llamada de Rodrigues a Cristo desde su interior para que le dé sentido a lo que está viendo. Un grito que recibe, precisamente, silencio. O eso es lo que creemos.

A un apasionante repaso a la moralidad humana se unen los formalismos (en lo positivo del término) de Scorsese a la hora de hacer cine, un director entre los que mejor ruedan en la historia del cine contemporáneo. Espacios geométricos en su más puro estilo con simetrías, escenas cenitales clamorosas, montaje impecable… Puro cine lastrado por un metraje algo excesivo pero sobre todo por la incompresión del público actual, que no quiere saber nada de películas que hagan pensar y aún menos en disquisiciones del alma.

Yo, que me he llevado diez años sin disfrutar esta joya que puede visionarse en Movistar+, me arrepiento muchísimo de haberla demorado.

Enlace para ver la videocrítica en #UltimoEstreno: https://youtu.be/rONtTiPup7E?si=MqRmSf630_sGhP0-